Last day of winter and first of spring.
Last day of the clammy darkness of insides
to enter into the cold light of the world.

I would be ripened by the shade, by the nothingness,
by love: ripened by the flesh in which I grew.
And I thrust out my head with a shout:
flower of bleeding wound
lucid cusp of deepest pain
joyous moment of tragedy!

My mother will have had her eyes, weeping,
on the seed of crosses.

Nobody thought, then, that clocks
of quartz or sunflower would wait for her.

At the vortex of this hour, how many dead
might be resuscitated in the wail
that fills the chamber of green light.

I would have finished so many designs,
would have had to reuse the mask of some ancestor—
who knows the venom of his soul, or his nobility—
realize his avengements, stem his failures.

To come from the hangover of some distant beings
who fell in love one day
who bound one another by life
to be another link in that chain.

To know that we are fruits of a point of happiness
and that seed, my God!
from what cracks does it rise, from what chasms?

From tepid darkness to cold light
rending life and death
the delicate yeast its bitten eternity.


Ultimo día del invierno y primero de la primavera.
Ultimo día de la tibia tiniebla de la entraña
para entrar en la fría luz del mundo.

Yo estaría madura de la sombra, de la nada,
del amor: madura de la carne en que crecía.
Y asomo mi cabeza con un grito:
flor de sangrante herida
cúspide lúcida del dolor mas hondo
jubiloso momento de tragedia!

Mi madre habrá tenido sus ojos, lacrimosa,
a la semilla de las cruces.

Nadie pensaba entonces que relojes
de cuarzo o girasol la esperarían.

Al vórtice de esta hora, cuantos muertos
habrá resucitado en el vagido
que tenia la alcoba de luz verde.

Yo habría de cumplir cuantos designios,
tendría que repetir la mascara de algún antepasado
quién sabe la ponzoña de su alma, o su nobleza;
realizar sus venganzas, restañar sus fracasos.

Venir de la resaca de unos seres lejanos
que se amaron un día
que se encadenaron con la vida
ser argolla mas de esa condena.

Saber que somos frutos de un punto de alegría
y ese germen, ¡Dios mío!
desde qué grietas sube, de qué simas?

De la tibia tiniebla a la luz fría
hendiendo vida y muerte
la frágil levadura su eternidad mordida.